La
Dehesa

La dehesa es un paisaje vivo, resultado de una relación sostenida durante siglos entre naturaleza, actividad humana y territorio. Un ecosistema singular en el que producción, biodiversidad y cultura conviven en equilibrio.

Para la Fundación Campocerrado, su preservación implica comprenderla como algo más que un entorno natural: es también memoria, conocimiento y una forma de vida estrechamente vinculada al medio rural.

Cuidar la dehesa es proteger un patrimonio común y garantizar que su equilibrio pueda continuar en el tiempo.

Un paisaje construido

La Fundación Campocerrado trabaja en la preservación de la dehesa, al considerar fundamental su reconocimiento como bien patrimonial, tanto por su condición de paisaje cultural como por constituir un ecosistema modélico.

La dehesa es el resultado de una transformación paulatina, de carácter antrópico, del primitivo bosque mediterráneo a lo largo de los siglos. Mediante el aclarado progresivo del arbolado, el ser humano ha adaptado este paisaje para desarrollar actividades agrícolas, forestales y ganaderas de forma integrada en el medio natural.

Por sus características ecológicas, entre las que destacan su estabilidad y capacidad de permanencia, la dehesa se considera un ecosistema ejemplar. Posee, además, un elevado valor biológico y una gran biodiversidad, ya que constituye el hábitat de numerosas especies de flora y fauna.

Su preservación requiere garantizar la continuidad de las actividades tradicionales que le dieron origen, pues se trata de un ecosistema estrechamente vinculado a la acción humana. El abandono de estas prácticas tendría un impacto ambiental tan perjudicial como el que podría derivarse de una explotación excesiva de sus recursos.

La fijación de población en el territorio, acompañada de una gestión sostenible de la dehesa, cumple una importante función tanto social como ecológica. El pastoreo y los trabajos silvícolas controlados contribuyen a prevenir los incendios forestales, mientras que la presencia de ganado favorece la fertilización natural de los suelos. Asimismo, la cobertura vegetal propia de los terrenos adehesados ayuda a mitigar los efectos de la erosión.

Preservar la dehesa es proteger un paisaje construido durante siglos, conservar su biodiversidad y garantizar la continuidad de una forma de vida esencial para el territorio.